Una Semana Santa, sin procesiones...

Escrito por Luis Felipe Díaz Villamarin


Una Semana Santa mas ha culminado, con la particularidad de que no se han llevado a cabo nuestras amadas procesiones en Popayán.

Invadido por la melancolía y la aflicción se desprende el verdadero sentir de un carguero, un sentir que desarrolle desde la niñez, que continuara aún así mi cuerpo ceda mas ante el atisbo de su majestad la muerte.

Es imposible que el que esta vestido del túnico turquesa, el momento en el cual toco las andas por primera vez, por que para el carguero el sentir el peso de la tradición es sentirse vivo, sentirse humano y sentirse penitente.

Somos la continuación de un legado que pronto cumplirá medio milenio, llevamos en andas la identidad del terruño que nos vio nacer, nos crío en la tradición y nos vera morir en la misma. Nuestra hidalga Popayán tuvo que vivir lo que no había pasado desde que se fundo, nosotros hermanos cargueros, sufrimos el no poder vivir tan magno acontecimiento que es para nuestras almas. Una noche de procesión en Popayán para un carguero es magia, arte y devoción. Eleva la serotonina en sus cerebros al punto de la euforia, haciendo de esta labor un momento único que engloba nuestras premisas hermandad, felicidad y solidaridad; lo cual explota en el éxtasis que dura 22 cuadras y 4 horas pero que en nuestras alpargatas de cabuya son menos que un abrir y cerrar de ojos. Esperamos contando todos los días y tachando en el calendario la llegada de una nueva Semana Santa, y cada día que avanza es un milímetro de sonrisa dibujada en nuestros rostros, un centímetro de pie puesto en el sector histórico de nuestra hidalga Popayán, un abrazo más para nuestros hermanos que atraviesan el mundo para venir aquí para vivir la mejor semana del año. Cargueros, esta semana nuestros túnicos, nuestros paños bordados, nuestros cíngulos, nuestras alpargatas, nuestras coronas de violetas o nuestros ramitos multicolor; se quedaran en los pedestales destinados a esperar un año más, vivimos una cruel tortura de tener que pasar estos días sacros en un lugar que no sean las calles del centro, por ahora solo anhelamos la llegada del 2021 como un año en que llegaremos fuertes, ansiosos y con una alegría que nadie podrá comparar en ningún momento de su vida.

Tal como se ve una sonrisa sincera en este momento bellísimo, solo queda recordar las frases de un excelso decano de cargueros Carlos Reinaldo López Ramírez después de la catástrofe del 83:

"....《Reinaldo se acabaron las procesiones de Semana Santa》. Mi respuesta al lado del féretro no se hizo esperar: 《Les juro a todos ustedes, delante del cadáver de nuestro compañero, que dentro de un año, tendremos las procesiones más hermosas que se recordarán en la ciudad》.

Hoy les mando el mas fraternal de los abrazos y un saludo de esperanza, esto pronto acabara, volveremos vencedores a esta pandemia a llevar de nuevo las andas de los pasos de nuestros amores.

¡LA PROCESIÓN VA POR DENTRO!



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