El 2020, un jurgo inacabable

Escrito por Rodrigo José Mosquera Luna

Este año será un jurgo largo, vamos todos cansados, sin posibilidades de alcayatar. Mi segunda y yo, cada vez metemos más el hombro. Llueve a cántaros, como es usual en Popayán.

La procesión se alargó mucho más de la cuenta, miro a mi alrededor y veo cada vez más gente en fervor de súplica al Creador, mis compañeros y yo seguimos imbatibles y sobre nuestros cuerpos erguidos, llevando la luz del Salvador.


Angustiosamente vemos caer peregrinos ahogados en sus angustias, pero a la vez tranquilos de ver que yacen a los pies de María. Ella siempre los acoge en su regazo sin hacerles sentir dolor alguno.


Mis compañeros y yo vemos que el pavimento cambia y el peso es mayor. La penitencia se siente más en ciertos momentos indiferente al barrote, el dolor se torna desgarrador, pero siempre con la tranquilidad y serenidad que atisba el buen carguero.


Con la solidaridad, hermandad y fraternidad que nos caracteriza; este año las túnicas no fueron azules, sino blancas y los capirotes se convirtieron en barbijos, las procesiones fueron diferentes, siendo el Salvador el que nos lleva de la mano acarreando paz y sabiduría a quienes se ahogan en su angustia.


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