Brindis Semana Santa 2020

4/7/2020

Escrito por Juan Ignacio Caicedo Cárdenas 

 

Se apaga el domingo de Ramos y la luna, grande, redonda y brillante, augura que la galaxia no olvida que es Semana Santa. Inevitables resultan la nostalgia y la melancolía de lo que definitivamente no pasará.

Pero hoy, vivos y serenos debemos brindar por lo que no será, por el amor no vivido, por la pasión pospuesta que exige este año, año pendenciero y zalamero, año caprichoso que exige insolente lo impensable a las gentes de Puben.

 

Así que, fieles a nosotros y no a este 2020, irreverente, fugaz y falaz; no propongo más que un brindis, un brindis eterno para que este torbellino nos envuelva, fúrico, rápido e inflexivamente a el olvido que merece. Ha de ser nuestra más suave venganza, no recordarlo nunca jamás.

 

Brindo por los vientos no templados y las andas no brilladas.

Por las iglesias solitarias y silenciosas.

Por las flores no cortadas, por las velas apagadas, por las losas.

Por los barrotes expectantes, por las carteras, los vientos y las andas olvidadas, polvorosas.

Por el laurel no derretido.

Por el incienso no quemado.

Las alpargatas no martilladas.

El paño, el cíngulo, el capirote.

El nazareno que doblado, reza al Ecce Homo expectante, reclamándole la tristeza que lo embarga y pidiéndole que cese en ese instante.

Ruego por el alumbrante, el moquero, el regidor y el barrendero.

El músico, el síndico, el carguero

El hotelero y el artesano.

Pero sobretodo por el patojo pubenzano, que llora solo, la tristeza de unas calles sin música, alcayatas ni capirotes.

 

Claro, hermanos, sufrimos, brindamos, lloramos y maldecimos.

Pero hoy más que nunca, brindo por otros nazarenos.

Los que hoy usan máscaras, batas, guantes y valentía.

Quienes a su prójimo hoy de cerca en agonía

acuden a aliviar en su desgracia, en sus fiebres

en su tos, su aliento fallido que se cierne

sobre el mundo mismo, su vida y su amenaza.

 

Brindo por la auxiliar, la enferma y el que barre.

El que limpia, organiza, dirige y acompaña.

El que cuida, el que asiste y el que aliente.

Al enfermo, en esta lucha que no cede, que no amaña.

 

Ajustemos pues patojos la tristeza de estos lares.

Que pesada nos recuerda que ya es Semana Santa.

Recordemos que la marcha es hoy en hospitales.

Que cargarán los médicos el peso de estos males.

Y la nuestra, si Él quiere, será después en lontananza.

 

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