¿Por qué cargan los cargueros?

4/6/2020

Escrito por Juan José Saavedra (Q.E.P.D)

 

"La semana dura siete días, menos la Semana Santa en Popayán, que dura todo el año. Hay una Junta Permanente que se reúne todos los miércoles, llueva, truene o relampaguee, y desde el lunes de Pascua hasta el viernes de Dolores no hacen sino hablar de vientos y sitiales. Cada paso tiene un administrador –síndico se le llama– y la selección del agraciado, o desgraciado, según otorgue el barrote o no, supone la revisión meticulosa de los antecedentes personales y familiares del nominado.

 

Al síndico, como a las solteronas, le toca vestir santos, y su principal función es cuidar a las vírgenes, mantenerles puesta la corona y velar por la conservación de las imágenes, muchas de ellas tallas quiteñas y españolas del siglo XVIII. Pero la parte más complicada es la escogencia de los cargueros. Las procesiones llegaron con los conquistadores, y cargar se considera desde entonces una prueba de hombría y devoción que está reservada a los principales. Los barrotes son un honor hereditario y las familias terminan sintiéndose dueñas de los pasos.

 

En los últimos años de la Conquista y los primeros de la Colonia, el escenario era distinto: las calles empedradas, el silencio reverente y el rostro de los cargueros cubierto por el capirote. En 1841, cuando la paz de la Colonia había sido reemplazada por las guerras de la República, Popayán estaba en manos del General Mosquera, y el general Obando, su enemigo mortal por esos días, acampaba en La Ladera, en las afueras de la ciudad. Al llegar el Martes Santo, los sitiados resolvieron sacar la procesión de San Agustín y dos voluntarios se hicieron cargo de los puestos que les pertenecían al General Obando y al coronel Sarria, devotos de la Virgen de los Siete Puñales, pero al salir de la iglesia les salieron al paso dos encapuchados que se apoderaron de los barrotes. Se regó la voz de que Obando y Sarria iban cargando y los hombres de Mosquera, que no podían asaltar la procesión, se aprestaron a capturarlos cuando el desfile terminara, pero cuando cayeron sobre los penitentes, Obando y Sarria ya habían regresado a La Ladera. Fue entonces cuando el general Mosquera, furioso, ordenó que de allí en adelante los cargueros llevaran levantado el capirote.

 

Con el paso del tiempo y de los pasos, la procesión-piadosa de los conquistadores fue reemplazada por la procesión de los choznos. Al perder las calles sus piedras pensativas, el manejo de la alcayata se facilitó, lo mismo que la acotejada de los cargueros, que hasta 1937 estaba sometida a los altibajos del pedriscal.

 

-Margarita llegó el Jueves Santo, de paso para el Ecuador, y como llegó de paso la cargaron.

 

¿Por qué cargan los cargueros? Hasta hace poco estuve convencido de que era una cuestión de vanidad. El payanés tiene que sentirse importante por lo menos una vez al año, y metido debajo del barrote, en el centro de la calle, ante la mirada de miles de espectadores, se siente vivo y vigente por el prestigio que generaciones y generaciones de hombres de peso han impreso en el barrote, y orgulloso de tener los cojones que demanda mantener las piernas tiesas y la columna vertebral erguida cuando en la parte de arriba hay tres judíos de plomo dedicados a clavar al Nazareno.

 

Un buen día Libio Paz me invitó a un “enfuerce”, una reunión privilegiada a la que sólo pueden asistir los iniciados y que cada síndico convoca en la semana previa a la Pasión para quitarles las telarañas a las Marías y armar el paso: los burros, la tarima, el anda, las carteras, las jarras, los parales, las perillas, las arandelas y los contrabandos. Y para uniformar la animasola, que debe ser de tela morada, y el paño, que ha de ponerse al cinto o terciado, según las circunstancias, y las alpargatas, que deben llegar domesticadas a la procesión. El “enfuerce” estaba adobado con empanadas de pipián y carantanta, como sólidos, y salpicón y aguardiente, como líquidos, pero lo memorable, aunque no lo recuerde, era lo que los cargueros decían mientras rebrillaban los falsos. Terminado el trajín resultaron las guitarras y allí entendí, mientras alguien tocaba a la señora María Rosa, que la teoría de la vanidad se quedaba corta y no explicaba por sí sola a los cargueros. Era más biencito, como decía el indio Acosta, un revuelto de tradición añeja, con lo que eso tiene de arraigo y pertenencia, y de hombría, con lo que eso tiene de berraquera. Y vi que el carguero no carga para ser visto, ni fotografiado, ni filmado, sino para probarse a sí mismo que es de aquí, y bien de aquí, y que tiene la virtud del aguante, una virtud que respalda y da permanencia a todas las demás. La capacidad de mantenerse erguido y perseverar en el esfuerzo, a pesar de la carga abrumadora que se lleva sobre los hombros y del deseo infinito de desertar. El carguero, el carguero de verdad, se me apareció esa tarde como el símbolo de una cualidad que explica el porqué los payaneses han sobrevivido a las pestes, a las guerras, a los terremotos y a los senadores que tuvieron durante el siglo pasado."

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas recientes

April 20, 2020

Please reload

Síguenos
  • Facebook icono social
  • Icono social Instagram

© 2018 by Contenalia Lab - Popayán.