Marco teológico y bíblico: Cristo de la sed

4/6/2019

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. (Juan 19,28)


La escena bíblica que el Evangelista San Juan presenta en el momento final del sacrificio de Cristo en la cruz está enmarcada en la sugestiva expresión “Tengo Sed”. No se trata de una frase que sugiera la biológica consecuencia del proceso de deshidratación de un reo condenado a muerte. Para los cuatro evangelistas el ofrecimiento a Jesús de una esponja o un hisopo empapado en una sustancia, tiene un profundo y marcado sentido teológico que debe ser necesariamente ampliado por la reflexión.

 

Fue probablemente el Evangelista Marcos quien introdujo en el relato de la crucifixión el vino con una sustancia lenitiva. Ofrecido frecuentemente a los reos en ese tipo de ejecuciones. Lo que permitió a Marcos señalar al lector el rechazo por Jesús de lo que podía evitarle el sufrimiento. En efecto la mirra mezclada con vinagre se torna en una poderosa sustancia que además de calmar el dolor aceleraba la muerte por asfixia pues ataca el sistema nervioso central, con ella quiso Marcos mostrar al final del drama la disposición de Jesús a beber la copa del sufrimiento que el padre le había dado como lo expresa Lucas 22,42 en la escena de la oración en el huerto. Mateo, al adaptar Marcos, introdujo otro eco (“hiel”); así la crucifixión de Jesús cumplía así dos líneas de lo que el salmista había dicho sobre el sufrimiento del justo, a fin de establecer una conexión con la primera parte del Sal 69,22, donde al justo doliente sus enemigos le dan a beber “hiel”.​


ANÁLISIS COMPARATIVO DE JUAN 19,28 Y LA TRADICIÓN SINÓPTICA


En la tradición sinóptica (Marcos, Mateo y Lucas) el darle a Jesús a beber vinagre consiste en una forma de burla, después de que este exclamo “Eloi, Eloi (Eli, Eli), ¿lema sabactani?”. Aunque el darle a Jesús vinagre a beber, no tiene nada que ver con una exclamación de Jesús respecto de  la sed que tenía, es en el evangelio de Juan donde se alude al hisopo bíblico, con el que dan de beber a Jesús cuando exclama “tengo sed” y en donde parece conectarse el empleo del vinagre con la idea de presentar a Jesús como cordero pascual, es decir el llevado al sacrificio por la redención de
 

la humanidad cumpliendo con ello al acto expiatorio. La más famosa referencia al hisopo está en Éxodo 12,22, donde se prescribe un manojo de hisopo como instrumento para rociar con la sangre del cordero pascual el dintel y las jambas de las casas israelitas. Esto es evocado en Hebreos 9, 18-20 para describir como la muerte de Jesús ratifico una nueva alianza, recordando que Moisés empleo un hisopo para rociar al pueblo con sangre de animales, sellando así la antigua alianza.


Es probable que Juan introdujera el hisopo en el ofrecimiento de vino para mostrar a Jesús cumpliendo el papel asignado en la escritura al cordero pascual. Probablemente, la referencia al hisopo de Juan19,29 tienen como fin avisar a los lectores de una inclusión con la alusión de Juan Bautista a Jesús al comienzo del evangelio: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). De ser así, entonces Jesús, al originar el ofrecimiento de vino con su “Tengo Sed”, habría concluido la obra encomendada por el padre y cumplido las escrituras.


IMPLICACIÓN CATEQUÉTICA


La iconografía cristiana es un recurso pedagógico que busca ayudar en la comprensión del misterio. Los sacramentales de la Iglesia como las devociones, las procesiones, la bendición de las imágenes, del agua, de las reliquias entre otras, tienen el objetivo de despertar y ayudar a la fe a encontrarse con el señor. ¿Es la sed la simple necesidad de agua? ¿No podría ser también una expresión figurada, una metáfora que implique necesidades vitales y urgentes del ser humano? Efectivamente, es así. En la misma Biblia también encontramos precisamente en los labios del mismo Jesús, la expresión “sed de justicia” (Mateo 5,6).


La agonía de Cristo en la cruz evidencia su humanidad cuando en la quinta palabra solloza “tengo sed”. En cada sediento esta Jesús suplicando el agua de nuestra misericordia para volcarnos sobre el en auxilio y ayuda. Dos comunidades religiosas tienen como lema la angustiosa realidad de la sed: Las hermanas misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena o Misioneras de la Madre Laura en su escudo llevan la inscripción SITIO (tengo sed) y las hermanas de la caridad de Madre Teresa de Calcuta igual: I´m Thirsty (tengo sed); los dos lemas reflejan el proyecto de santidad que estas dos mujeres santas quisieron vivir y experimentar: Responder a las necesidades de la humanidad más vulnerable: los indígenas y los pobres.
 

Dar de beber al sediento es asumir la actitud del Padre Misericordioso que apaga la sed de su pueblo en el desierto; y es dar el agua de vida al mismo Jesús que nos dice “tengo sed”, “dame de beber”. Para un cristiano no puede pasar desapercibida la sed del prójimo, no es solo sed que  pide agua física. Es la sed de justicia del que está preso injustamente, la sed del consuelo del hermano solo y desamparado. La sed del amor del explotado y deprimido.


Un icono procesional que represente esta realidad y que despierte en la sociedad procesos de reflexión y discernimiento a partir del arte, la fe y la cultura, en el marco del patrimonio de la procesión del Martes Santo, puede conducir a los espectadores, intelectuales, humanistas, devotos y peregrinos a comprender el sentido de la misericordia que mueve el corazón de todo ser humano indistintamente de su credo, raza o condición social a saciar la sed de justicia, de paz, de compasión, de bienestar, de belleza y amor que padece la humanidad menos favorecida.

 

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