Historia de la imagen del Amo Ecce-Homo de Popayán - Parte II

2/2/2019

El Santo Ecce Homo, patrono popular de Popayán

 

Recordemos que la “Hermita” de Belén fue construida y dotada por el “pardo” payanés Juan Antonio de Velasco “para alentar la devoción por el gran misterio del nacimiento del Salvador, con su correspondiente Cofradía o Hermandad de Nuestra Señora de Belén”. Aunque la primera imagen del Santo Ecce Homo hizo parte desde un comienzo de las imágenes veneradas en Belén, no tenía ninguna primacía entre ellas ni se le instituyó una devoción especial. Sin embargo, con el paso de los años el Amo Ecce Homo empezó a ser considerado por el pueblo de Popayán como el gran defensor de la ciudad contra los males que la aquejaron en uno u otro momento. La gran cruz de piedra de cantera erigida en la entrada del templo, obra de Miguel Aguilón en 1789, nos indica en cada una de las cuatro caras de su base las preocupaciones que desvelaban a los payaneses en estos tiempos en que no existían los antibióticos, ni los plaguicidas, ni los pararrayos ni mucho menos los códigos de construcción sismo-resistente. Ellas eran: la peste, el comején, las tormentas o tempestades acompañadas de rayos y los frecuentes terremotos.

 Por la época en que se erigió la cruz de Belén la devoción al Amo Ecce Homo se popularizó de tal manera que inició la tradición de sacar a la imagen de su camarín para ser llevada en procesión por las calles de la ciudad cuando hubiera necesidad, y no solo para la procesión del miércoles santo. Los documentos del Archivo Histórico Eclesiástico de la Arquidiócesis de Popayán y del Archivo Central del Cauca, citados todos por el P. Ortiz, dan cuenta de novenarios y rogativas al Amo adelantados en 1786 para implorar su protección “por las muchas aguas que afligen la ciudad”; en 1787 “con motivo de la general peste [de sarampión y viruela] que experimenta la ciudad”; en mayo de 1788 para “calmar los considerables estragos que ocasiona…la extendida y dilatada plaga del insecto conocido con el nombre del comején…”; en 1806 para “contrarrestar la plaga de la langosta”. También se llegó a hacer una rogativa por la salud del Rey Fernando VII en 1815, coherente con la resistencia que los pobladores de la región habían opuesto a las tropas de Nariño en 1813.

 

Como bien lo indica el P. Raúl Ortiz, se podría hacer un acertado estudio de las enfermedades, pestes y plagas de Popayán en el período colonial con base en las circunstancias y frecuencias de las procesiones y rogativas que protagonizaba el Santo Ecce Homo. El imaginario de los fieles consistía en “forzar” su intervención milagrosa sacándolo de la “comodidad” de su santuario hasta que no cesara el infortunio de turno: la peste, el comején, la langosta, las aguas torrenciales, o, incluso, hasta que no cesaran las amenazas de terremotos. Se tiene noticia de que en 1946 una secuencia de réplicas sísmicas hizo que los pobladores de Popayán, en número estimado de 10.000 devotos, sacaran en procesión la imagen del Santo Ecce Homo, con lo que se consiguió “la pacificación del suelo y la pacificación de los espíritus con el consuelo agradecido de los corazones de la capital caucana”. Así, a partir de todos estos acontecimientos, que vieron en el Santo Ecce Homo un medio eficaz de intervención divina en favor de la población, empezó a gestarse popularmente la designación del Santo Ecce Homo como patrón por aclamación popular, desplazando paulatinamente a otras devociones que se habían ido propiciando más institucionalmente: además de la consagración de la ciudad a la Virgen de la Asunción en la fundación de la ciudad, en 1740 ya se habían designado formalmente como patronos de Popayán, junto a la Virgen de la Asunción, a Santa Bárbara (contra las tempestades), a San Juan Bautista (contra la langosta), y a San Francisco de Borja (contra los terremotos).

 

La batalla contra el comején

 

Narra el P. Ortiz que en 1890 el destacado arquitecto payanés Don Adolfo Dueñas (autor entre otras obras de la cúpula de la Catedral de Popayán), quien para entonces trabajaba en la reconstrucción de la capilla de Belén, destruida por el terremoto de 1885[1], intervino la imagen del Santo Ecce Homo para inmunizarla contra los efectos del comején. El proceso se llamaba “envenenamiento” y es de aquella época la anécdota según la cual un grupo de ciudadanos, no entendiendo bien las circunstancias y el proceso, fueron hasta la casa del artista y tomaron a piedra el lugar con el fin de rescatar al Santo Ecce Homo del envenenamiento.

 

Sea porque el envenenamiento no surtió efecto, o porque con el tiempo el comején desarrolló resistencia al plaguicida, el autor de este resumen es testigo de cómo, desde mediados del S. XX los devotos cargueros del Amo encontraban a los piés de la imagen, en el momento de la armada del paso, los vestigios de la acción del comején que atacaba implacable la madera. Para contrarrestar la plaga se adelantaron nuevos procesos de inyección de la imagen con diversos productos, sin resultados positivos.

 

Ante el riesgo de que la imagen colapsara en algún momento, y aprovechando que el Dr. Guillermo León Valencia había sido elegido a la presidencia de la república para el período 1962 a 1966, se aprovecharon sus buenos oficios y sus contactos por haber sido embajador ante el gobierno español en años anteriores, para gestionar la venida a Popayán del escultor José Ascencio Lamiel con el objeto de tallar una nueva imagen del venerado patrono. El propósito original era el de usar la nueva imagen para las procesiones y conservar la imagen antigua en su santuario de Belén de la mejor manera posible, pero evitándole el maltrato inherente al ser bajada por los “quingos” y al participar en las procesiones tanto por las consabidas faenas de entrar y salir por las puertas de las iglesias, como por las levantadas y alcayatadas en forma brusca.

El artista Lamiel había tallado por encargo del Dr. Valencia la imagen del paso del Cristo de la Expiración, conocida como “El Cachorro”, donada en 1954 por él a las procesiones de la Iglesia de San Francisco, y cumplió también un excelente trabajo en 1964 con la nueva imagen del Santo Ecce Homo, bajo contrato con la Junta Pro Semana Santa. Pero además la presencia del maestro Lamiel en Popayán fue aprovechada para realizar otros encargos como la magnífica imagen del Cristo yacente que desfila desde entonces en el paso del Santo Sepulcro de Santo Domingo y que fue donada por el Coronel Carlos Ayerbe Arboleda. Y realizó finalmente la consolidación definitiva de la imagen antigua del Santo Ecce Homo, al punto que es ésta la imagen que todavía hoy se utiliza por la Junta pro Culto del Santo Ecce Homo para la procesión con la que el obrerismo payanés le rinde culto al Santo Patrono en la magnífica procesión del 1° de mayo, cuyo origen y significado destacamos en el siguiente apartado.

 

La procesión del Amo del 1° de mayo en Popayán: única en el mundo

 

Tal vez el antecedente de esta celebración, única en el mundo, se encuentra en 1919, cuando el venerable cabildo eclesiástico de la ciudad insistía en que la imagen había sido “hecha por un pastuso para la Catedral y pertenece a ella; cuando quisieron subirla a la capilla de Belén, el venerable capítulo no la cedió, sino que la prestó solamente sin desprenderse de su derecho en ella”. El arzobispo Manuel Antonio Arboleda pidió al cabildo, en esa misma sesión de 1919, que deliberara sobre la posibilidad de que cada año, desde el lunes de Pascua hasta el segundo domingo de la misma Pascua (cuasimodo) se celebrara el quincenario en la catedral en presencia de la imagen. Por ello desde 1920 se inició la costumbre de bajar la imagen desde la colina de Belén hasta la catedral y subirla el segundo domingo de Pascua. Esa tradición cambiaría con la introducción de la fiesta del 1° de mayo como enseguida se verá.

 

La celebración del 1° de mayo fue decretada en París en 1889 por el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, como homenaje a los obreros asesinados en Chicago, Estados Unidos, en 1886 por haber reclamado la jornada laboral de ocho horas.

 

A primera vista, nada más alejado de la historia del Santo Ecce Homo de Belén en Popayán, Colombia. En nuestro país, bajo la presidencia de Alfonso López Pumarejo, el congreso nacional expidió en 1937 la ley que consagró en Colombia esa fecha como Fiesta Nacional del Trabajo, a semejanza de otras naciones. Desde 1939 se dispuso que los empleados y obreros tenían derecho al descanso remunerado el 1° de mayo y en Popayán empezó a celebrarse la fiesta del trabajo con una programación laica que comprendía una alborada, una peregrinación al cementerio central para visitar el panteón de los obreros y una manifestación pacífica que partía del barrio Alfonso López y que, generalmente, llegaba hasta el palacio de la Gobernación y la Asamblea Departamental donde se escuchaban algunos discursos de los líderes liberales del momento.

 

Cuando el Dr. López Pumarejo inició su segundo mandato en 1942 se empezó a presentar una profunda crisis en el partido liberal, que concluyó en 1945 con la renuncia de López a la presidencia de la república. Esa misma crisis se evidenció en 1943 en Popayán cuando se realizaron dos celebraciones del primero de mayo, ambas de cuño liberal: “la de los obreros del oficialismo y la de los obreros capitaneados por los líderes comunistas”, según lo registró el periódico El Liberal el día 4 de mayo. En 1945 la Junta pro Culto al Amo Ecce Homo, que había sido fundada en 1938 con el aval de las autoridades religiosas y civiles, organizó la primera procesión del 1° de mayo en honor del Santo Ecce Homo invitando “al obrerismo y a la ciudadanía en general” (es decir a liberales y conservadores por igual), a unirse a esta celebración.

 

La propuesta buscaba propiciar una manifestación de unidad del pueblo caucano en un momento álgido de contiendas políticas; así fue como en torno a la devoción por el patrono popular de Popayán se unieron los bandos contrarios. Una de las causas para que tuviera éxito aquella primera procesión fue que la convocatoria corriera por parte de un grupo de obreros, la gran mayoría de ascendencia liberal, y aunque contó con la anuencia del arzobispo Diego María Gómez, sin embargo, no era la iglesia la que convocaba la celebración. De este modo, sin colores políticos, resultó un caso inédito en el mundo, en el que cada primero de mayo, desde 1945, no hay en Popayán una conmemoración reivindicativa de los derechos laborales sino una celebración religiosa del obrerismo católico que demostró que se podía lograr la unidad en una causa a pesar de los disensos políticos. La única excepción hasta ahora, de esta multitudinaria procesión, se presentó en 1948, a escasas 3 semanas del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, cuando la procesión fue suspendida por orden de las autoridades en una decisión que no fue bien recibida por la ciudadanía payanesa. Vale decir que en 1949 se reinició la celebración de la fiesta del trabajo con la procesión del Santo patrono, que en ese año fue “sencillamente apoteósica”[2].

 

Así pues, Popayán fue pionera a nivel mundial de la transición de significado del 1° de mayo para los obreros católicos pues nueve años más tarde de la primera procesión del Santo Ecce Homo, el papa Pío XII declaró el 1° de mayo de 1954 a San José Obrero como patrono del obrerismo católico.

 

Esta segunda parte de la Historia de la imagen del Amo Ecce Homo de Popayán, al igual que la primera, es un resumen basado en el libro “BELÉN: PERLA DE POPAYÁN – Historia y devoción del Santo Ecce Homo, la Virgen de Belén y San Miguel Arcángel”, publicado en marzo de 2017 por el Pbro. Raúl Ortiz Toro, capellán de la iglesia de Belén. Una vez más, rindo homenaje de admiración al P. Ortiz por esa pequeña gran obra, por su rigurosa documentación y por su excelente aporte a la historia de nuestras tradiciones payanesas.

 

JUAN CAICEDO AYERBE, Síndico del paso del Amo Ecce-Homo

 

Repasa aquí la Parte 1 de este resumen: Historia de la imagen del Amo Ecce-Homo de Popayán (Parte I)

 

[1] En esta ocasión la reconstrucción de la capilla, que duró 9 años, terminó costando 32.150 pesos, de los cuales la nación aportó 3.919 pesos, el departamento 400 pesos y el municipio 30 pesos. El aporte de los devotos fue de 25.651 pesos, lo que dice muy bien cuál era su compromiso con templo del Santo patrono

 

[2] El Liberal, Popayán, martes 3 de mayo de 1949

 

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