¡El Carguero debe llegar hasta el final!

6/26/2018

Los cargueros llevan en sus hombros el barrote, usan una túnica, un paño, cíngulo, alpargatas y capirote. Todos somos iguales con un mismo fin; es ese preciso momento donde no tenemos un rango, estrato económico o posición social. Simplemente tenemos algo en común: La pasión de ser cargueros de las procesiones de Semana Santa en Popayán.

 

Según las palabras de un decano,  los cargueros somos comerciantes, médicos, juristas, ingenieros, empleados, choferes de servicios públicos, obreros, congresistas, ejecutivos de grandes empresas, personalidades de la política, desempleados, etc., pero  debajo de las andas todos tenemos el mismo objetivo de seguir rindiéndole culto a esta hermosa tradición.

 

Esto significa que es la pasión lo que nos mueve a que cada año cumplamos la cita sin invitación, a continuar con la tradición religiosa más antigua de Latinoamérica, a seguir con entrega y sacrificio lo que durante 462 años se ha escrito noche tras noche durante la Semana Mayor.

 

Gracias a esa tradición que hemos vivido, oído y visto entendemos que la pasión del carguero es lograr soportar el peso de las andas, en algunos casos sufriendo el dolor más fuerte sin tener como primera opción pedirla. No me remonto a épocas antiguas donde las historias y las épicas noches que parecieran sacados de un libro de Santiago Posteguillo.

 

Quiero recordar a cargueros que gracias a ese respeto por el carguío, por la tradición, por el orgullo, por la fe, por la pasión, llegaron al final sin salirse del barrote, siendo ayudados por sus compañeros y acompañados por los fieles alumbrantes orando y pidiendo para que llegaran hasta el final.

 

Recuerdo aquella noche en la Virgen de Los Dolores del Martes Santo cuando Manolo Olano (q.e.p.d.) por no permitir que el sitial tocara con el techo de una casa soportó todo el peso del anda en su talón al frenar contra un andén, desde ese punto en adelante daba cinco pasos y tenía que parar... no le importó llegó al final. También aquella noche negra del Viernes Santo cuando en el Santo Sepulcro a Carlos Angulo (q.e.p.d.) se le rompieron dos vértebras de su columna, porque estaban cargando, de lejos, el anda más pesada que ha tenido la Semana Santa... no le importó llegó al final. No puedo dejar de nombrar al señor Rodrigo Mosquera, quien no pudo volver a cargar porque en el paso de El Encuentro también se le rompieron dos vértebras de su columna... no le importó llegó al final. Finalmente, para no alargar este listado de valientes cargueros llega a mi memoria la noche en la cual Aurelio Iragorri en el paso de Los Azotes, con dos costillas fracturadas, gracias a su diagonal, logró soportar el no poder respirar... no le importó, llegó al final.

 

Esta es la pasión y el compromiso al que me refiero, ser un carguero y llegar al final sin tener como opción pedirla en la mitad de la procesión.

 

Por Victor Gabriel Caicedo.

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas recientes
Please reload

Síguenos
  • Facebook icono social
  • Icono social Instagram

© 2018 by Contenalia Lab - Popayán.