De la línea de los “enanos” y su pasión por Las Insignias

5/8/2018

Recuerdo que durante la Semana Mayor del año 2002, estuvo en boca de muchos semanasanteros un tema en especial, y fue sobre la línea de los “enanos” en Las Insignias. Por todas las esquinas de nuestra querida Popayán se hablaba sobre este tema, y la conclusión de la inmensa mayoría fue: "no van a poder con el paso"...

 

¿Qué fue lo que sucedió en ese año?, pues quiero compartirlo con todos los amantes de esta magna tradición:

  

La situación se tornó crítica, pues eran las 4 de la tarde de aquel Viernes Santo, y aún no había línea. Fue en ese momento que al “pequeño vikingo” se le ilumino la mente, y faltando solo su esquina, sonó su cuerno de batalla, el mismo que sonaba al final de las fiestas de remate de grado, o en “La Papal” en noches de feroces combates de adolescentes: ¡Amigos a mí!. Y como siempre, fue el bravo Otto Fernández, el primero que asistió a su rescate.

 

- Al llegar Otto al club, Daniel repuso: te has ido conmigo toda la vida, veníte conmigo esta noche, que va a ser memorable.

- El buen Otto contesto de la única manera que un amigo incondicional como es él, puede hacerlo: “Claro hermano, para las que sean...

 

Y se vino la noche… Yo, ya avisado por Daniel que esa noche cargaría en el mítico paso, sentí una ansiedad muy difícil de describir. Salí casi que a escondidas de mi mamá y de mi abuela, pues ya con ellas ni hablaba desde la noticia del gran barrote conseguido. Camino a la Iglesia los cigarrillos se me escurrían de las manos temblorosas y sudorosas, y se acababan en segundos. La respiración y el pulso agitados por la sola posibilidad de pensar en el posible autoexilio eterno ante el fracaso.

 

¡Solo había una posibilidad, hacerlo y hacerlo bien!

 

Para que lo sepan, esa noche la línea de atrás tenía un promedio de edad de 24 años, y tan solo Genio había cargado ahí anteriormente. Solo él tenía en su memoria el peso de Las Insignias.

 

Al llegar a la iglesia yo fui el primero que se encontró con la línea de adelante, que parecían más unos rascacielos a los que no se les puede ver donde acaban; Y los nervios aumentaban, solo nervios...

 

Genio llego con el paño en el hombro y yo dije: ¡socio, vas en Las Insignias, ¿verdad?, pero recibí una seca respuesta: Si. Algo que aumento los nervios y la ansiedad. Por su parte, Daniel y Otto aparecieron tarde, pues el segundo no tenía la indumentaria… Igual, foto de rigor y para afuera.

 

A la salida de la iglesia se rompe una perilla del anda y el paso me cae en un dedo de la mano. Dios no quiere que cargue aquí hoy, me repetía constantemente...

 

¡Primer jurgo y dale, fuerte, templado, adelante!.. Se veía pasar la figura de 4 reemplazos atrás de los alumbrantes, que amablemente alguien nos había mandado (o intrigado). Después más pasos y más peso. Pero Igual, dándole. Poco a poco se fueron consumiendo las cuadras, al igual que las fuerzas...

 

Faltando 2 cuadras estábamos exhaustos, no había energía, y fue ahí cuando vino la voz inspiradora del "pequeño vikingo", motivante, como un capataz sevillano alentando a sus costaleros:

 

"ADELANTE VALIENTES, ADELANTE CARGUEROS PATOJOS, CON AMOR Y CON ORGULLO, ¡VAMOS A MANDARLO AL CIELO!

 

Escrito en el año 2005 por Juan Ignacio Caicedo 

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