¡Que el Cristo toque el cielo, cargueros!

3/29/2018

Señores,

 

Ya que son ustedes los que están ahí, “donde lloraba mi abuelo con mi papá de la mano”, les propongo un trato:

 

Esta vez soy yo quien pone las lágrimas. Ustedes, pongan la sangre y el sudor.

 

Carguen hoy por el año de esfuerzos, por los días grises que a veces se nos vienen encima. Porque la vida no es fácil para nadie y esta es una forma de celebrar que, a pesar de todo, llegaron victoriosos a otra noche de carguío.

 

Carguen por el afecto que hay en cada barrote. 

 

Entreguen cada paso, cada esfuerzo a eso en lo que creen de verdad. A sus sueños y a ese futuro que nos espera. Pero también a ese pasado al que tanto le debemos.

 

Carguen por el Cristo y por la cruz, por lo que significa el misterio infinito de eso que llevan sobre sus hombros. 

 

Carguen por sus novias, por sus mamás y papás y hermanas y hermanos. Por los hijos y el porvenir; por sus amigos que los miran con admiración desde los andenes.

 

Carguen por las ausencias, por la memoria y el recuerdo, pero sobre todo, por lo que esta con ustedes, por lo que tienen.

 

Carguen, por lo bonito que suena la Crucifixión cuando va por las calles. 

 

Carguen porque se sienten orgullosos de ser cargueros; porque con humildad aceptan hacer el sacrificio.

 

Carguen por la piel erizada de aquellos que los miran cuando levantan y pasan.

Carguen porque sólo ustedes saben porque cargan.

 

Carguen porque “ninguno de nosotros solo es mejor que todos juntos”. 

 

Carguen porque al túnico, al capirote y a la alcayata no hay dolor ni cansancio que pueda vencerlos.

 

Les pido por último, que cuando carguen este año no levanten duro: 

 

¡Que el Cristo toque el cielo, cargueros!

 

Los quiero mucho.

 

Carlos Manuel Olano (Talo)

 

 

 

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