Fe, devoción y tenacidad: Anécdota de una angustiosa noche bajo las andas

3/16/2018

Mi pasión y fervor por nuestra magna tradición empezó desde muy niño, cuando acompañaba a mi padre Néstor Aurelio Perafán Alegría, hoy decano de cargueros, y a mi hermano Andrés Felipe Perafán Gil, quien en ese entonces daba sus primeros pasos como carguero, a limpiar y armar los pasos del Señor Caído y la Magdalena del Viernes Santo. Con el pasar de los años y gracias a la oportunidad que me brindó el médico Alberto Vallejo síndico del Varón del Martillo, logré empezar a escribir mi historia bajo las andas de este paso, aquel que como lo denomina su hijo, el también médico y carguero Guillermo Vallejo, es “cuna de grandes cargueros”, y también puedo afirmar, de grandes amigos. Poco a poco se me fueron abriendo las puertas, varios síndicos me otorgaron la oportunidad de cargar en sus pasos y así logré ir formándome como carguero.

 

 Recuerdo que en el año 2014, gracias a mi gran amigo Luis Miguel Zambrano y a su tío, el señor Oscar Velasco Maya, síndico del Prendimiento de San Agustín que desfila en la procesión del Miércoles Santo, tuve la posibilidad de entrar a formar parte del grupo de cargueros de dicho paso. La noche de la procesión, después de que los pichoneros llevaron el paso desde la Iglesia de San Agustín hasta la carrera cuarta para integrarlo en la procesión, los cargueros nos organizamos como lo había dispuesto el síndico y empezamos el recorrido procesional. El síndico me otorgó el privilegio de hacer el “toque”, un acto en el cual se le rinde homenaje al señor Arcesio Velasco Iragorri (q.e.p.d), carguero del Prendimiento quien falleció frente a la iglesia de San José el Miércoles Santo de 1951 en plena procesión, y en su nombre, los cargueros sostienen en ese mismo lugar durante algunos segundos el paso sobre sus hombros.

 

Continuamos el recorrido y cuatro cuadras más adelante justo en la esquina de la Iglesia de San Francisco aconteció lo inesperado. Debido a unos arreglos de pavimentación que habían realizado en el sector histórico días antes, quedaron algunas piedras en el camino, y sin percatarme, avanzando con el paso en hombros tropecé con una, sintiendo como mi pie izquierdo se doblaba provocando un ruido fuerte y seco. En ese preciso instante toqué para bajar el paso a las alcayatas, mientras que mis compañeros de carguío llamaban al regidor más cercano para comentarle el suceso.

 

 Inmediatamente llegaron tres personas de la Defensa Civil Colombiana, quienes me aplicaron linimento y me vendaron el pie para poder continuar. Una cuadra más adelante fue el mismo médico Guillermo Vallejo quien se me acercó a cambiar la forma del vendaje, me dio una pastilla para el dolor y las instrucciones de cómo debía caminar para evitar un dolor más fuerte. Las seis cuadras que faltaban para terminar la procesión se me hicieron eternas, el desespero era agobiante en cada paso que daba y el dolor cada vez mayor. Veía a lo lejos con resignación como los cuatro primeros pasos del desfile procesional se alejaban, pero por mi condición el paso debía ir lento y en tramos cortos, por lo cual era difícil alcanzarlos.  Estoy seguro que de no ser por la ayuda de Dios y de la Virgen, de mis siete compañeros de carguío que lo dejaron todo y a quienes agradezco su esfuerzo, de los familiares y amigos que iban a mi lado animándome, hubiera fracasado en el intento de llegar y terminar a pesar del infortunio presentado, aquella noche, la cual ha sido la más difícil en los 15 años que llevo como carguero.

 

Es así como todos vamos escribiendo nuestra historia año tras año, tenemos noches excelentes bajo las andas, pero otras difíciles que nos quedan como anécdota. El amor y pasión por la tradición y por nuestro oficio como cargueros jamás se desvanecen a pesar de los inconvenientes, por el contrario, con el pasar de los años cobran más valor, porque cargar se convierte en un sentimiento profundo, donde las vivencias ahí reflejadas forman parte primordial de nuestra vida y de la historia que las generaciones venideras conocerán y enriquecerán. 

 

Por: Edgar Alberto Perafán Gil

 

 

 

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas recientes
Please reload

Síguenos
  • Facebook icono social
  • Icono social Instagram

© 2018 by Contenalia Lab - Popayán.