Mensaje del Pastor

2/13/2018

Con mucha antelación en el calendario se escucha, “llega la Semana Santa”. Para unos es el deseo de unos días de vacaciones, de turismo, de negocios; para otros es la semana más destacada del año, es el tiempo de una vivencia más intensa de la fe, de una buena confesión y de ponerse a tono con su bautismo y pertenencia a la iglesia.

 

Es la Semana Mayor, que va enmarcada entre el Domingo de Ramos y el Domingo de la Resurrección. Todo se comienza a preparar desde el miércoles de ceniza y se vive la cuaresma con verdadero espíritu de devoción como antesala a un gran acontecimiento.

 

En la celebración de la semana santa como la tenemos hoy se pueden descubrir varios niveles de profundidad que también corresponden al proceso en que se ha ido formando a lo largo de la historia de la Iglesia. En primer lugar, está la dimensión sacramental: la Iglesia naciente comenzó a tener una celebración que se centraba en la Noche Pascual, seguida luego del triduo pascual como celebración gozosa del “día en que actuó el Señor”, mediante la gran liberación realizada por Dios en Jesucristo. Los nuevos cristianos preparados largo tiempo se incorporaban a la Iglesia mediante el bautismo en la noche de la vigilia pascual. El segundo nivel se identifica porque incorpora la representación de hechos históricos como la procesión de ramos, el lavatorio de pies, la adoración de la Santa Cruz.

 

 El tercer nivel lo constituyen algunas ceremonias preparatorias como la bendición de los ramos, el monumento del Jueves Santo, la consagración de los santos oleos. En cuarto lugar, están todas las ceremonias y actividades más externas con muchos actos piadosos que expresan la fe y la demuestran de diferentes maneras; se destacan las procesiones con todo su esplendor y finos detalles de arte y creatividad, las flores, los cirios, que acompañan a las veneradas imágenes, los coros y demás elementos donde todo tiene un significado como las notas y voces en el gran concierto musical.

 

Por tu cruz y resurrección nos has salvado Señor. El reconocimiento del amor con que Dios nos salva, nos lleva a contemplar, agradecer y celebrar nuestra liberación de las tinieblas del pecado y del error. Es necesario agradecer el perdón recibido y gratuitamente ser incorporados por el bautismo a la familia de Dios como hijos adoptivos. Por esto la Iglesia, que es la asamblea de los bautizados, celebra anualmente estos misterios durante la Semana Santa. El que está enamorado de Cristo, agradecido por su bondad y misericordia, se preocupa con múltiples actividades para celebrar, para manifestar su fe y hacerla conocer; es una actividad misionera que anuncia y pregona lo que se vive en el corazón del creyente. Las múltiples y bellas actividades exteriores, desde el pequeño y artístico detalle, todo está unido con hilos invisibles en la Iglesia que se llama fe, amor, fraternidad y cristiandad.

 

Que la Virgen María, la Madre de la Iglesia y Madre nuestra, ayude a todos los que se unen con fe a esta celebración semanasantera a comprender el profundo dolor de su corazón y la inmensa alegría de la resurrección de Cristo.

 

Monseñor:
Iván Antonio Marín López
Arzobispo de Popayán

 

 

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