La Luz Vence las Tinieblas

2/13/2018

En el principio todo era caos y confusión; la oscuridad invadía el cielo y la tierra hasta que dijo Dios: “Haya luz” y hubo luz. Y a aquella luz la llamó día y a la oscuridad la llamó noche y así empezó el día primero de la creación del mundo. De este modo el libro del Génesis transmite con el lenguaje sapiencial, tan propio de los hebreos, el misterio de los orígenes. Miles de años después de aquella noche primigenia, otra noche trascendental invadió al mundo; también fue caos y confusión: un temblor de la tierra rasgó el velo del Templo en Jerusalén: moría el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Mesías esperado.

En aquella noche fúnebre y solemne, Cristo descendió al lugar de la muerte, del pecado y del mal; descendió a la oscuridad y allí, como lo canta hermosamente un himno de Pascua, “La muerte y la vida lucharon en singular batalla/ muerto el rey de la vida, ahora reina vivo”. En la gloriosa noche de Pascua, noche de Resurrección, se hace memoria de este acontecimiento; por ello en la liturgia del Sábado Santo se canta que la noche de Pascua es más gloriosa que la noche primitiva. Porque en la primera se creó el mundo, pero en la segunda, la de la resurrección, se re-creó la humanidad: Cristo venció todo lo que subyugaba al ser humano y le dio la fuerza de regenerarse.

 

Aquella lucha entre las tinieblas y la luz es una realidad que a todos nos toca: las tinieblas existen, las oscuridades no las podemos erradicar del todo mientras estamos en esta vida, pero la luz ilumina las sombras y se vuelven claridad y esperanza. ¿Quién no ha experimentado la oscuridad que produce la muerte de un ser querido, una enfermedad, un problema familiar o un fracaso de cualquier tipo? Pero también, ¿Quién, acogiéndose a Cristo, Luz del Mundo, no se ha sentido confortado en esos momentos en los que parece que las tinieblas ganan terreno a la felicidad?.

 

En la liturgia antigua se celebraba los días Miércoles, Jueves y Viernes Santos el Oficio de Tinieblas. En la catedral, a un lado del altar, se encontraba el tenebrario, un gran candelabro en forma de triángulo con quince cirios encendidos. Mientras avanzaba la ceremonia se iban apagando los cirios hasta que quedaba únicamente un cirio encendido que se pasaba por detrás del velo morado del altar, de modo que solo se veía en la oscuridad la llama del mismo en movimiento. Esos días la llama estaba “velada” entre tinieblas pero en la noche del Sábado Santo la luz resplandecía “revelada” en el Cirio Pascual, elaborado con cera de abejas y de gran tamaño para simbolizar a Cristo, Luz del Mundo, ya preludiado en el Antiguo Testamento por la columna de fuego que guió a los israelitas por el desierto en las noches de peregrinación hacia la Tierra Prometida. 

 

En el afiche conmemorativo de esta Semana Santa de Popayán 2018, en el octogésimo aniversario de creación de la Fundación Junta Permanente Pro Semana Santa, el Cirio Pascual es el gran protagonista. En otras palabras, Cristo, Luz que ilumina las tinieblas de nuestras vidas, sigue siendo el protagonista y Señor de la historia. A Él nuestra alabanza y adoración. Que al ver el Cirio Pascual encendido no dejemos de pensar en que solo siguiéndolo a Él se ilumina el camino y se hace más fácil lograr cualquier meta. 
 

 

Escrito por: 

P. Raúl Ortiz Toro

Rector del Santuario de Belén 

 

 

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